Evaluación de las altas capacidades: ¿para qué identificar?

La evaluación psicopedagógica en el ámbito de las altas capacidades es algo muy importante. Sin embargo, este proceso queda a veces relegado a un mero trámite administrativo lamentablemente, muy en concordancia con el extremadamente problemático enfoque dicotómico del “sí/no se tienen altas capacidades”, propio de la Administración educativa y que ya analizamos en esta otra entrada.

Para muchos padres, maestros o profesores, lograr la evaluación (y consecuente identificación) de sus hijos o alumnos es un auténtico reto, por no decir calvario. Los numerosos prejuicios y malentendidos enraizados en compañeros y familiares no ayudan en absoluto. Con todo, conseguir dicha identificación no deja de ser en realidad el primer paso. El primer paso de otros muchos. Y es que la evaluación psicopedagógica es, como decíamos, algo importante y por tanto muy necesario pero en absoluto suficiente. Ésta no deja de ser un medio para un fin mucho más importante: la correcta atención de la persona evaluada. Desde el Centro Renzulli defendemos por tanto y en pocas palabras, la identificación como el medio para un fin, que es la intervención psicopedagógica ajustada a las verdaderas necesidades de la persona evaluada.

El objetivo de una evaluación psicopedagógica verdaderamente dirigida hacia la intervención debe ser establecer no solo el perfil aptitudinal del niño o adolescente sino también el socioemocional y motivacional, para conocer de esta forma cuáles son sus puntos fuertes e intereses a desarrollar, y los puntos débiles a trabajar. En el Centro Renzulli, todos nuestros informes recogen orientaciones y pautas concretas de intervención, mientras que en nuestros Centros Plan POTENCIA, el foco está siempre puesto en las medidas de intervención previstas en el marco del plan de atención integral del alumnado de alto potencial implementado en el mismo centro.

En ese sentido, los profesionales del Centro Renzulli siempre recomendamos tanto a las familias como a los profesionales, que contemplen tres planos o perspectivas. Tres perspectivas diferenciadas pero complementarias y que nos deben servir de guía: La perspectiva general o de “máximos” y las dos perspectivas más aterrizadas o específicas: la perspectiva práctica y la perspectiva eminentemente escolar. A continuación, indicamos cuál serían las metas a alcanzar desde cada una de estas perspectivas o “miradas”:

Perspectiva general o de máximos, evaluamos para:

  • Ayudarles a alcanzar máximas cotas de bienestar socioemocional.
  • Lograr equiparar su nivel de desempeño (escolar, laboral…) con su potencial intelectual.
  • Facilitar su autorrealización personal.

Perspectiva práctica, evaluamos para:

  • Facilitar el acceso a ayudas o becas.
  • Facilitar el acceso a programas especializados.

Perspectiva eminentemente escolar, evaluamos para:

  • Identificar fortalezas y debilidades: posibles disincronías o doble excepcionalidad.
  • Determinar niveles de creatividad y pensamiento crítico.
  • Identificar factores de riesgo (esto es, desmotivación, bajo rendimiento…).
  • Determinar curso adecuado para reto óptimo (implicaría aceleración curricular).

La recomendación última de los profesionales del Centro Renzulli es que tanto las familias como los profesionales de la educación no pierdan jamás de vista estos tres planos de acción. Centrar nuestro esfuerzo en el objetivo último de lograr el bienestar de nuestro hijo o alumno debería ser el fruto de muchos pequeños pasos previos. Por otro lado, luchar por lograr la identificación formal de nuestro hijo o alumno sin tener algún tipo de garantía de que ésta cristalizará en medidas concretas de intervención ajustadas a sus necesidades, podría resultar incluso cruel. Se aprecia por tanto claramente que la evaluación psicopedagógica va a ser siempre necesaria pero al mismo tiempo, tampoco suficiente. ¿Tu hijo o alumno ya está identificado? ¡Es hora de intervenir!

Centro Renzulli